El lector que no habla CBZ
Te compraste una Remarkable para leer cómics en algo más grande que un móvil. Luego descubriste que solo acepta PDF y EPUB, y que toda tu biblioteca, reunida con paciencia durante años, está en CBZ.
Buscas un convertidor y aparecen los sospechosos habituales: subir un archivo de 90 MB, esperar en una cola y descargar algo que es a la vez más borroso y más pesado que el original. Uno de ellos encaja cada página en un A4, y tu dibujo queda en medio de un borde blanco como una foto de carné.
Aquí sueltas el archivo, no tocas ningún ajuste y pulsas convertir. El tamaño de página se queda exactamente como lo dibujó el autor, los JPEG de dentro se copian intactos y el archivo aparece en tu carpeta de descargas unos segundos después, sin barra de subida, porque no había nada que subir.
Lo arrastras a la Remarkable. Se ve bien. Vuelves y haces los otros diecinueve tomos en un solo lote mientras se hace el café.
Enviarle al abuelo el cómic que habéis hecho
Tu hija se ha pasado el verano dibujando un cómic sobre el perro de la familia, lo escaneaste y la aplicación de escaneo lo dejó como CBZ. Ahora quieres enviárselo a su abuelo, que tiene ochenta y un años y un único programa en el ordenador: el que abre PDF.
Pedirle que instale un lector de cómics no va a pasar. Lo necesitas en el formato que ya sabe abrir.
Sueltas el CBZ aquí y, como es algo puntual, no tocas ni un ajuste. Sale un PDF que se abre en su ordenador con un doble clic, las páginas en el orden correcto y los dibujos tan nítidos como los escaneos.
Llama esa misma tarde para contar que ha impreso la página cuatro y la ha puesto en la nevera. Para eso sirve exactamente un formato universal.
La lista de lectura antes de un vuelo largo
Mañana tienes once horas de avión y ocho tomos de una serie que llevas tiempo guardando. El lector de cómics de tu tablet está bien, pero la aplicación de la aerolínea se adueña de la pantalla cada veinte minutos y preferirías leer en la única aplicación que nunca molesta: el visor de PDF que venía con la tablet.
Ocho archivos sueltos serían ocho entradas por las que desplazarse. Así que sueltas los ocho de golpe, activas «Unir en un solo PDF» y lo dejas trabajar.
Obtienes un único archivo: la serie completa, en orden, de principio a fin. También activas la reducción de tamaño, porque ocho tomos a color son más de lo que quieres tener ocupando la tablet, y vuelve mucho más ligero sin dejar de verse nítido en una pantalla de ese tamaño.
Embarcas con un solo archivo y te lo lees entero. Sin sincronizar, sin aplicación de lectura y sin preguntarte por qué tomo ibas.